En el entramado urbano del casco histórico hay un gran número de edificios, entre ellos hay algunos que captan de inmediato la atención del viandante, bien por su prestancia arquitectónica, su tamaño, decoración o por la gente que vive en ellos. En la entrada de hoy queremos contarles algún dato sobre una casa que siempre ha llamado nuestra atención, … palacete de tiempos mejores, casona solariega cercana al barrio judío. Nuestra casa  – ojalá fuese nuestra casa – se sitúa en el número 1 de la Plaza  de la Cruz. Tiene una portada distinta, fachada principal que denota vieja nobleza, relieves visigodos y viga mudéjar con talla, sobre ella en lo alto, pilastras simétricas que buscan el alero, portón de madera con viejas cicatrices, al fondo cobertizo sobre la calle … Su zagúan también tiene elementos únicos, en el techo un viejo alfarje de madera decorado con atauriques vegetales tallados por hábiles manos.

Fachada pricipal

En el interior, en su patio, parece que hemos viajado en el tiempo, todavía hoy podemos contemplar muchos elementos originales del siglo XVI. Hemos comentado anteriormente, que esta casa ha llamado desde siempre nuestra atención, por su belleza pero también por su mal estado de conservación. Este inmueble se encuentra en un Área de Rehabilitación Preferente y por ello puede acogerse a ayudas especiales, aunque sus propietarios no han decidido aun intervenir sobre el mismo. (Ayudas ÁREAS REHABILITACIÓN PREFERENTE)

Recientemente D. José Iglesias Puente, vecino de la Calle Bulas, nos ha remitido una imagen de un bello cuadro que tiene por motivo el patio de esta casa. El autor de este lienzo, fechado en el año 1921, es el pintor madrileño Manuel de Gumucio (1898-1990), discípulo de Sorolla.

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Patio trabajada

Es fácil apreciar, contemplando la casa, que una gran parte de la misma se conserva intacta desde su construcción, lógicamente muy afectada por el paso de los años, pero con su pátina original. Igualmente en el cuadro también podemos apreciar que la casa ha sufrido pocos cambios desde 1921. ¿Qué será de nuestros edificios, donde vivimos, dentro de quinientos años? Está claro que no aguantarán el paso del tiempo como nuestras viejas casonas del casco antiguo.

En el cuadro el autor nos representa dos alas del patio y ello es debido a que las otras dos ya no existían entonces, cuando realizó el dibujo, por causas que desconocemos se perdieron en tiempos las galerías del lado sur y este. En el lado este quedan los salones de planta baja, utilizados durante años como carbonería, y en el sur paredones de las casas vecinas y corralones. El brocal tampoco se ubica donde está representado en el cuadro, ni existen trazas de que haya estado bajo ese soportal, si podemos encontrarlo en el extremo opuesto, en el lado contrario del patio. El detalle que más llama la atención es que  ¡ todavía están las sillas ! , a lo mejor son unas parecidas, donde se sentaban las dos mujeres del cuadro. Merece la pena contemplar despacio esta obra de arte y observar los detalles. Quizás sea la única forma de poder disfrutar de esta maravillosa casa, ya que su visita hoy en día no es fácil.

En recuerdo de Rosa, entrañable mujer, alma de esta casa.

por Jose María Gutiérrez Arias
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