” Y el silencio se hace aún más profundo en las celdas, gélido bajo las estrellas invernales, suave y con olor a celinda en las noches de primavera y sofocante en el estío. Hay un Toledo oculto, que se hace emotiva sonoridad cuando, en la hora mágica del rezo de vísperas, las torres y espadañas de las monjas de clausura dialogan entre sí …”   Balbina Martínez Caviró

Convento de Santa Úrsula, Toledo

Suena lejano el timbre. La chicharra eléctrica está lejos de donde he pulsado el redondo llamador y me imagino que debo esperar con paciencia. Quien venga abrirme tardará un poco en llegar, el edificio que vengo a visitar es inmenso. Miro mientras tanto a mi alrededor, el zaguán del Convento de Santa Úrsula tiene varias puertas, al fondo, a través del enrejado de una de ellas se ve el bellísimo patio de la antigua Residencia Santa Rita. Se oye el susurro de unos pasos tras el portoncillo de acceso a la clausura, junto al torno. La puerta se abre y la madre abadesa sale a recibirme. Sabe de mi interés por volver a ver el artesonado oculto sobre la bóveda de la iglesia. Hablamos hace días por teléfono …, ven a verlo, nosotras ya nos vamos del edificio, … aunque quizás de ahora en adelante sea más fácil poder visitar todo el edificio. Una vez dentro me deja solo, tú ya sabes el camino, me dice. Sorprendido por tan singular regalo no pierdo ni un minuto, camino a mis anchas por  el antiguo palacio medieval, cruzo patios, pasillos, claustro, subo al sobrecoro escaleras arriba y tras un sin fin de escaleras alcanzo una sala alta con ventanas de celosía, las vistas son espectaculares. En un rincón un portillo me habilita el paso a los camaranchones del bajo cubierta, allí dentro, tras escurrirme a gatas por una antigua lucerna de medio punto, accedo al artesonado escondido sobre la bóveda barroca de la iglesia.

Armadura de par y nudillo, Convento de Santa Úrsula. Toledo

Al encender la linterna veo que todo está igual que hace veinte años, aquí parece que no pasa el tiempo, las magníficas policromías relucen esplendidas tras el haz de luz. Unas rápidas fotos y desando el camino, un poco preocupado, … ya llevo un buen rato de visita. Al llegar abajo disparo mi última fotografía en el claustro y luego enfilo el pasillo principal hacia la salida, al fondo me espera la madre abadesa. Ellas marchan en breve del convento, son muy pocas y mayores, ya no pueden cuidar del edificio. Yo me voy triste por lo que dejo atrás y el recuerdo de tantas visitas realizadas estos años. Pero, ¿qué penas llevarán ellas tras dejar alma y cuerpo, durante siglos, en este bello edificio?

Jose María Gutiérrez Arias

Convento de Santa Úrsula, Toledo