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Esta semana pasada andaba en dirección a las Tendillas, calle de San Ildefonso arriba, mirando al suelo. Ahora que está tan de moda hablar sobre los pavimentos del casco no deja uno de mirar a todos los rincones, … será mejor una solución constructiva que otra, y si se pone esto, y si se mantiene lo otro. Un grupo de chillones kamikazes alados pasan raudos sobre mi cabeza y me hacen levantar la vista hacia las alturas; celebro que haya algo que me haga cambiar de tercio. Una pandilla numerosa de vencejos vuelve a pasar en vertiginosa persecución sobre donde me he quedado parado. Si levanto la mano los podría tocar, pasan muy muy bajo.

Vencejos. Es de justicia hablar de estas magníficas criaturas, de su incansable tarea en el control de insectos, y de la importante afección que la labor de rehabilitación y las obras puedan tener sobre sus poblaciones. Los vencejos tienen especial predilección por vivir entre nosotros, compartimos por ello edificios y vivienda, sobre todo aquellas cargadítas de años. No les gustan las construcciones de nueva planta, allí no encuentran rendijas y agujeros donde anidar, tampoco les gusta que hagamos rehabilitaciones estancas, ni que “alicatemos” los edificios. Difícil dilema tenemos entre manos, aunar la conservación del patrimonio edificado con la conservación del patrimonio natural. Pero todo es posible y nuestra sensibilidad debe ser cada vez mayor para cocinar recetas arquitectónicas del gusto de todos. Habrá que hacer del defecto virtud.

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Vuelvo a mirar a los vencejos que pasan en rauda persecución, algunos literalmente se empotran en el alero que tengo arriba frente a mi. ¿ Dónde se han metido ? Parece como si la pétrea cornisa se los hubiera tragado. Pero raudos vuelven a salir de donde se han metido y ya he podido ver el escondrijo. En este caso una discutible solución constructiva  del remate del tejado sirve para que anide una modesta colonia de vencejos. Además el edificio donde se encuentran es la sede de la EMV, ¡ que mejor sitio que éste para encontrar vivienda !

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En el alero se pueden ver, bajo las tejas y sobre la tabla, el morro de unas placas de “onduline”. Debajo de cada onda, a modo de hilera de chalets adosados, se alojan los nidos de nuestros alados protagonistas. Si bien esta forma de rematar los aleros con placa bajo teja no es muy estética, en este caso han servido para dar cobijo a los vencejos, no viéndose perjudicado en ningún caso el funcionamiento de protección de la cubierta.

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En nuestra ciudad la guerra contra las palomas ha provocado victimas colaterales, el hecho de tapar los mechinales, con la intención de evitar su anidamiento, provoca también la eliminación de posibles nidales para otras especies más beneficiosas. Recordamos que los mechinales son esos pequeños agujeros o vanos rectangulares ejecutados antiguamente en los muros, cuando se levantaban los edificios, y que servían para introducir horizontalmente los palos o vigas que se empleaban para montar un andamio.

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Durante siglos hemos convivido con esa fauna que podemos calificar como urbana, beneficiándonos mutuamente. Hoy  en día nuestras cada vez más inhóspitas e inertes ciudades han desplazado esta fauna, bajo el argumento de unas sobredimensionadas molestias, y lo que es peor, en la gran mayoría de los casos como consecuencia de un simple desconocimiento de todo lo que nos rodea. Esta entrada en nuestro blog tiene como principal destinatario a nosotros mismos, que sepamos ver no sólo piedras y morteros. Aunar la recuperación de nuestra ciudad con la protección de la biodiversidad debe ser un objetivo a tener en cuenta, y debe ser alcanzado en equilibrada conexión. Los edificios deben rehabilitarse con sentido común, teniendo claras las prioridades y lo que se pretende hacer, y respetando ese criterio básico siempre se podrá compatibilizar éste con la protección de especies animales beneficiosas.

Un claro ejemplo de lo que decimos lo tenemos en la torre de la Iglesia de San Miguel el Alto. Esta torre, rehabilitada por el Consorcio, tiene integrados en sus mechinales varios nidos artificiales para cernícalos.

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Exteriormente los mechinales presentan parcialmente reducida su entrada para permitir solamente el acceso a los cernícalos, y evitar la entrada de palomas y grajíllas. Desde el interior se pueden ver por unos portillos el interior de los nidos.

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Otra solución exitosa es la utilizada en la rehabilitación de la torre de la Iglesia de Santo Tomé, los mechinales siguen abiertos pero dividido su vano por un ladrillo colocado a panderete.

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Si bien se modifica la imagen visual del mechinal tradicional el resultado es bueno, permite a los vencejos y gorriones anidar dentro e impide el expolio de sus nidos por pájaros de mayor envergadura. Adjunto una fotografía tomada recientemente en esta torre, donde se ve una grajilla intentando “asaltar” uno de los mechinales a la caza y captura de algún pollo despistado.

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En otras intervenciones se han tapado los mechinales, con el fin ya comentado de alejar a las palomas, pero intentando mantener el juego de sombras que forman estas aberturas en las fábricas antiguas, se busca sin duda no perder esa imagen tradicional que rompe la monotonía del muro. Para ello se dispone en el interior del mechinal un ladrillo ligeramente tumbado, con la inclinación suficiente para que las palomas no se puedan posar, creándose en la parte alta de la rampa una pequeña oquedad en sombra que hace resaltar exteriormente el agujero.  Esta solución podría completarse, en beneficio de vencejos, murciélagos y gorriones, si el ladrillo no rematase en su parte alta contra el techo del mechinal dejando una pequeña abertura que permitiese el paso a estas especies.

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Durante la restauración del ábside de la iglesia del Convento de Santa Úrsula y de los paramentos del Callejón de Santa Úrsula la dirección facultativa de la obra sopesó esta solución, no llevándose a cabo finalmente. En compensación se dejaron abiertos en el callejón mencionado, y habilitados para los vencejos, los agujales de los tapiales existentes en los paredones del lado izquierdo de la calle según se baja. Recordamos que un agujal es el agujero que se queda en una pared de barro (tapial) al sacar las agujas o tensores que sujetan los moldes o encofrados.

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Estos mechinales cerrados son en algunos casos recuperables para habilitar nidales. Traemos a nuestro blog unas imágenes de un reportaje, realizado por la asociación “Andalus”, en la que muestran la recuperación de varios mechinales tapados en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, en Aroche (Huelva).

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Aquí en Toledo también hemos tenido intervenciones muy desafortunadas, tanto a nivel arquitectónico como a nivel ecológico. Como ejemplo mostramos el tapado de los mechinales de la fachada de la iglesia del Convento de San Clemente, simples ladrillos de traza moderna colocados de cualquier forma con un pegote de cemento gris. Gracias a que su colocación es muy deficiente los vencejos siguen accediendo entre los huecos dejados, tal y como como se puede ver en las fotografías.

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En estas fechas, desde las ventanas altas de la sede del Consorcio, podemos contemplar ya, desde primera hora, a los vencejos sobre las sóforas de la Plaza de Santo Domingo el Antiguo

por Jose María Gutiérrez Arias

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Han vuelto los vencejos,
como ellos vuelven…¡siempre!:
con su alegre chillar el aire agitan
y el cielo, con su raudo ir y volverse,
al caer de la tarde
cobrar vida parece.
No se posan ni paran, incansables;
sus pies ¿para qué los quieren?
les basta con las alas,
criaturas celestes.
Con ritmo de saeta, ritmo yámbico,
los versos vivos de su vuelo tejen,
chillando la alegría
de sentirse vivientes…

“Han vuelto los vencejos” (Miguel de Unamuno)

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