En memoria de Manuel Santolaya Heredero.
Gerente del Consorcio de la Ciudad de Toledo 

«Don Manuel», era como se dirigían a ti las religiosas de los conventos de la ciudad. Ésos por los que tanto interés te tomaste en la última década. Los conocías todos. «Don Manuel», fue el tratamiento con el que te recibieron en las Carmelitas Descalzas el día que me mostraste el Ochavo del Palacio de Fernando de Cerda, allí donde rezaba, como agorero anuncio del funesto desenlace: «[…] timor et tremor venerunt sup me et cotexerunt me tenebre […]». «Don Manuel», era como te interpelaban empresarios, constructores, ciudadanos y todos aquellos que quedaban más allá del círculo acotado por la etiqueta.

Yo nunca utilicé contigo el tratamiento protocolario y jamás se lo escuché tampoco a mis compañeros de la oficina ni a nuestros «colegas» de profesión. Quizá porque nunca lo quisiste o no permitiste que se utilizara entre tu gente. Pero es que ni tan siquiera «Manuel» sonaba entre los viejos muros de Santo Domingo el Antiguo nº 4. Siempre nos dirigimos a ti como «Manolo», en lo cotidiano y en lo solemne, en lo laboral y en lo particular.

Cuántos años, cuántas calles, cuántos cobertizos, cuántos patios, cuántos conventos, cuántos debates, cuántas fotos, cuántas dificultades, cuántos desvelos… ¡cuánto Toledo, al fin y al cabo! Sin embargo, muchos proyectos se nos quedan en la mesa de dibujo aunque son muchos más los que dejas en el «haber» que en el «debe».

Terminaré aquí, ya que me he propuesto ser conciso, pues muchas veces me lo recomendaste en el pasado: «Sólo unas líneas. Abrevia, chaval…»

Te has ido y desde hoy, el apelativo «chaval» o el diminutivo de mi nombre que empleabas frecuentemente conmigo, y contra los que tanto me rebelaba, ya no volverán a ser escuchados en la oficina y creo, contra todo pronóstico, que voy a echarlos de menos.

Que la tierra te sea leve, don Manuel.

Hasta siempre.

En Toledo, a 15 de enero de 2021.
Pablo González Collado