Ya saben nuestros lectores habituales que este blog es una ventana hacia el interior oculto de la ciudad histórica de Toledo. Un vistazo indiscreto, rápido y fugaz, acorde al dinamismo de las redes sociales, a la parte más oculta y desconocida del entramado edificado de la ciudad. Hoy abrimos otra nueva ventana, durante unos breves segundos, para asomar ojo y objetivo fotográfico a un pasillo interior entre casas.

Pasillo que era calle y ahora es patio, espacio “robado” a la ciudad. Un adarve o callejón pasante, paralelo a la Calle Sinagoga. Acanaladura larga y honda, brecha por donde asoman hacia arriba modernas chimeneas a modo de esnórquel, y hacia abajo se hunden, de moderno pvc o viejo latón, bajantes de agua pluvial o residual buscando la vieja atarjea que, todavía oculta, corre en escondida servidumbre hacia Dios sabe dónde.

Antiguo callejón fosilizado entre medianerías de edificios de la Calle Sinagoga, Calle Hombre de Palo y Travesía de la Sal. Fotografía: Jose María Gutiérrez Arias. Sección Vivienda. Consorcio de la Ciudad de Toledo. Año 2019.

Antiguo callejón fosilizado entre medianerías de edificios de la Calle Sinagoga, Calle Hombre de Palo y Travesía de la Sal. Fotografía: Jose María Gutiérrez Arias. Sección Vivienda. Consorcio de la Ciudad de Toledo. Año 2019.

A lo lejos veo, sobre los tejados, la punta encamonada del Ochavo de la Catedral. Al fondo, abajo, se ve como se escurre la alfombra de tejas bajo lo que parece un viejo cobertizo. He podido pisar, antes de subir a mirar por la ventana, esa calle medieval, allí están los peldaños de piedra bajo el umbral de las que antes eran puertas de calle, acá está el sobado pavimento mil veces pisado, ahora tapado por un polvoriento pasado. Aún, en este desfiladero entre fachadas, me parece percibir el eco de alguien que camina detrás de mí, y al darme la vuelta, sus pasos vuelve mi espalda a sentir.  Sin duda algo más que el sonido y el tiempo ha quedado encerrado aquí …

Jose María Gutiérrez Arias